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domingo, 20 de diciembre de 2009

Cima

En estos días en que tanto se habla de Messi, y de su escalada a la cima del mundo futbolístico, me permito presentarles a alguien que también está muy arriba. Pero éste cobra un poquito menos.



Lichi

viernes, 13 de noviembre de 2009

Un inocente paseo

Sabido es que los alemanes son grandes bebedores de cerveza. También que el ingenio abunda en esa población. Esto que les presento lo encontré por casualidad caminando por Dusseldorf. Supongan que están en una diyuntiva entre juntarse a tomar una cervezas con algunos amigos, o ir a pasear por la ciudad en un día soleado. Ya no hay que decidirse por uno de los planes: BierBike es la solución (uh !, sonó como un programa del canal de ventas...). He aquí el producto:
Una persona se sitúa en medio, a modo de Barman y conductor, mientras los demás pueden sentarse a beber tranquilamente, con una única tarea secundaria, pedaler. Así, entre discusiones de fútbol y demases, se puede observar a las bellezas en la calle, todo bien regado de cerveza (en mi caso ein weißenbier, bitte). Aquí les dejo otras dos fotos con el instrumento en acción.


No cabe ya ninguna duda que los alemanes son muy copados, y saben de ésto de beber como nadie.

Saludos, y Prost.

Lichi

sábado, 5 de abril de 2008

Un Iraquí de viaje por EEUU III (última)

Esta mañana vi un sticker en un paragolpes que decía "En algún lugar en Texas un pueblo extraña a un idiota". Todavía estaba medio dormido, así que me llevó un rato entenderlo; a la mañana soy lento. Cosa que me preocupa un poco, porque mi cerebro debería estar bien despierto: en menos de media hora tendría una cita con una "experta en Irak" de la Universidad Nacional de Defensa.

Cuando llego allí, necesito mostrarle al guardia un documento, saco mi credencial de prensa, pero a él no le gusta, quiere ver mi pasaporte y ya sabemos lo que odio el tema de mi pasaporte. Lo mira y dice "Ah, iraquí". Siento como si hubiera entrado en el set de filmación de una película de guerra. Este es el comienzo, donde todavía los están entrenando; ésta es la escena en la que se ve al personaje principal entre sus colegas que más tarde serán salvados por el héroe valiente de la película. Edificios de ladrillo rojo de dos pisos y plazoletas verdes con oficiales jóvenes que marchan en formación. Estoy tan fuera de lugar aquí. ET, en serio, necesita volver a casa.

Pero apenas aparece Judith Yaphe, sé que nos vamos a llevar bien; se parece mucho a mi profesora de francés de la secundaria en Bagdad. Como investigadora en el instituto de estudios de estrategia nacional de la Universidad Nacional de Defensa, Yaphe "se dedicó a Irak en los últimos 30 años". Deduzco que si uno se dedica a algo tanto tiempo, debe conocerlo bien, especialmente cuando trabaja para "la agencia".
Ella dice: "La falta de conocimiento sobre Irak entre la gente que toma decisiones aquí es abrumadora", y cuando llegó el momento de ir a la guerra, la administración verdaderamente creía que iba a ser una guerra corta, que los norteamericanos serían recibidos con flores y que todo saldría bien. "Si usted cree eso y quiere hacer una guerra corta, entonces no planifica lo suficiente. ¿Es estúpido? Sí, yo diría que sí".

Pero había otra posibilidad; en un universo paralelo, donde el Pentágono no tuviera el control, Ahmad Chalabi no existiera y la administración Bush no escuchara a gente como Yaphe, podría haber un Irak que lograra salir del caos de la guerra menos perjudicado. Pero nunca lo sabremos.
De vuelta en este universo, "la mayor democracia sobre la tierra" está llevando a cabo elecciones. Si uno compra el peor escenario de Yaphe y vive en Oriente Medio, lo mejor sería ir acopiando alimentos. "Mi peor escenario es que Bush es reelecto y que la gente que quiso ir a la guerra con Irak vuelve y decide continuar con su misión, que es hacer cosas terribles".
Me pregunta si mi verdadero nombre es Salam y, cuando le menciono mi apellido, el nombre de la tribu, lo reconoce. Me quedo pensando: "Ella sabe, es verdad que estuvo dedicada a Irak durante 30 años".

Más tarde...

Espero cinco minutos en la puerta de la Universidad de Defensa, pero no aparece ningún taxi y decido caminar. Decisión equivocada. Aparentemente, la universidad está muy cerca de lo que probablemente sea el equivalente a Sadr City en Washington. Me doy cuenta de que mis instintos no funcionan, no diferencio entre buenas y malas señales, este lugar se ve muy pobre. Como en Sadr City, muchos hombres que parecen no tener nada que hacer están parados en las esquinas.

Recuerdo haber discutido con un taxista en Bagdad hace un tiempo. Estaba convencido de que no hay norteamericanos pobres, que son todos ricos. Vení a ver este "habibi". La cosa se pone aún peor. Alá decide vaciar su pileta y empieza a llover. Me doy cuenta de que me olvidé el papelito con la dirección de mi próxima cita. Ruego que David Kay no sea un tipo puntual.
Kay aceptó encontrarse conmigo para almorzar en un lugar de mi elección. Lo único que conozco es el negocio que vende roscas cerca del hotel. Llamo a una corresponsal del diario The Guardian de Londres aquí en el DC para pedirle ayuda y me sugiere ir al Palm. "Es un lugar adonde les gusta ir a los hombres". Después de varios "ahhhh" y "mmmmm" de mi parte, me dice: "Salam, no es un lugar de strip tease".

Cuando regreso al hotel para recoger la dirección, todavía tengo tiempo para chequear el sitio web del restaurante en Internet. "El lugar ideal para negociar y cerrar acuerdos frente a un bife jugoso y un martini. No sólo los políticos van al Palm de Washington; también personas como Larry King están entre los clientes habituales del Palm". Cuando llego allí, me hacen pasar junto a unas lindas mesas cerca de la ventana y me llevan a una mesita en el fondo. Obviamente tendría que haber dicho que era Salam Pax, la celebridad de Internet, y que quiero sentarme cerca de Larry King.

El lugar es muy ruidoso y lo primero que menciona Kay es que es el lugar perfecto para una conversación íntima; nadie nunca puede oír lo que estás diciendo. No tomamos martinis: él pide un té helado y yo, una Coca Cola.

La primera vez que Kay estuvo en Bagdad fue en 1992, al frente del equipo de inspección de armas nucleares de la Unscom y, más recientemente, fue enviado a Bagdad por Estados Unidos como principal inspector de armas para el Grupo de Investigación Iraquí para aclarar la cuestión de si había o no armas de destrucción masiva allí. Regresó a Washington diciendo que no había encontrado "grandes arsenales de armas de destrucción masiva de fabricación reciente", con lo cual echaba por tierra el principal argumento que justificó la guerra en Irak: Saddam y su arsenal mortal de armas de destrucción masiva.

¿Qué piensa entonces el hombre que empezó su testimonio ante una comisión del Senado de Estados Unidos diciendo "Resulta que nos equivocamos" sobre la guerra y las razones por la que se libró? "Lo que me preocupa es que dentro de unos años habrá un historiador iraquí que dirá: 'La única razón por la que Estados Unidos y Gran Bretaña fueron a la guerra fue por el petróleo, las armas de destrucción masiva e Israel. Nunca les importó lo que Saddam les hizo a los iraquíes'. No importa si tenía las armas. Saddam estaba destruyendo la sociedad".

Les digo que este viaje genera más confusión que respuestas. Paso el resto de la tarde en un lugar que me resulta mucho más fácil en materia de orientación: los pasillos alfabetizados de una tienda de discos.


Los canales de noticias aquí no son como los canales de noticias a los que estoy acostumbrado. Tendrían que mirar Al Jazeera -malas noticias, noticias graves, más malas noticias- y verán en qué se convierte un día común y corriente. Lo que hacen acá son programas de entretenimiento en vivo, no noticias. Los programas a la hora del desayuno son los que más me molestan; no puedo soportar toda esta felicidad tan temprano a la mañana. Las noticias sobre las explosiones en Bagdad y las tropas norteamericanas que se niegan a cumplir órdenes se mechan con los comentarios jocosos del "Sr. Tiempo" o de la señorita conductora y todo se diluye.

Las vacunas contra la gripe se volvieron un tema de campaña. No lo entiendo, pero sí me doy cuenta de que Saddam probablemente tenga un mejor plan de salud que la mayoría de los norteamericanos (ni hablar de los iraquíes) y esto me parece gracioso.
Hoy tuvimos una toma de fotos. ¿Por qué no puedo tener una de esas de sesiones de fotos glamorosas? Sólo me paro ahí e intento sonreír, pero lo único que me viene a la cabeza es una taza de café. Lo bueno es que la estamos haciendo cerca del Mall (la inmensa explanada situada entre el Capitolio y el monumento a George Washington), así que después voy a poder ir a varios monumentos y mirar dónde toman las decisiones quienes toman las decisiones.
Es como recorrer un museo. Me siento un poco intimidado por estos edificios. Cuando salgo a caminar a la noche todo parece muy vacío. Todos los días, dos millones de personas llegan al DC, pero sólo una cuarta parte vive aquí. No paso mucho tiempo en el centro después de mis reuniones; las cosas son demasiado grandes y demasiado altas.

Todavía no logro dilucidar cómo me hace sentir este viaje. Llegué aquí dispuesto a enfurecerme y a indignarme, pero todo lo que encuentro es gente que toma conciencia de la gravedad de los errores cometidos en Irak. La única persona que parece ser incapaz de admitir que se cometieron errores es el tipo que está sentado en la Casa Blanca.

Me dijeron que pronto van a inaugurar un monumento conmemorativo de la guerra iraquí, junto a los monumentos de Vietnam y de la guerra de Corea. Hay micros llenos de veteranos que vienen a hacer picnic cerca de los monumentos de guerra. Para el sábado a la noche, decido que necesito salir; voy a ir a uno de los clubes que sugirió Sean, el soldado del weblog.

Día Cinco


Primeras horas de la madrugada del domingo, en uno de los clubes recomendados por Sean. Hay una bola de espejos del tamaño de mi auto. Me siento atraído a ella como un gusano a las llamas.

Día Seis


Lo más cerca que voy a estar de un discurso de campaña es escuchar a Al Gore en la Universidad de Georgetown hoy. El discurso fue bueno; nos reímos, lloramos y gritamos siempre que correspondía. Un demócrata me había advertido de antemano que Gore podía llegar a excitarse durante sus discursos, que había que prestarle atención a los gritos y a los movimientos que hace sobre el escenario. Bueno, no se había movido tanto, pero yo habría sugerido unos pañuelitos de papel -el pobre tipo estaba sudando ríos de agua debajo de esas luces y, en un punto, tuvo que sonarse la nariz con las mangas de la camisa. Ah, y alguien también podría decirle que su pelo está bien, que tendría que dejar de tocárselo cada dos minutos.
¿Sobre qué era el discurso? George Bush no es estúpido, es malo. (Gore usó más palabras; ya conocen a los políticos). En realidad, ése es un buen punto. Al considerar a Bush como alguien que "no tiene la curiosidad normal como para separar la realidad del mito" o como un cristiano que recuperó la fe y "confía en su fe religiosa más que en el análisis lógico", lo único que logramos es que se torne menos peligroso.

Gore descartó ambas imágenes como "imágenes de caricatura" y agregó: "Estoy convencido de que los frecuentes alejamientos del presidente de un análisis basado en la realidad tienen mucho más que ver con la ideología política y económica de derecha que con la Biblia".

Más tarde…


Mi próxima cita es con un ex hombre de la CIA que conoció Irak íntimamente durante un tiempo y estuvo bastante en Bagdad, incluso después de la guerra. No puedo, por supuesto, revelarles su nombre. Podría, pero tendría que matarlos. El trabaja ahora en el "sector privado". Es todo lo que puedo decir. Bueno, está bien, es Whitley Bruner.
"La disolución del ejército fue un gran error", dice. Cuando Paul Bremer, el administrador norteamericano en Irak, decidió deshacerse del Ministerio de Defensa iraquí, 400 mil personas se quedaron sin trabajo y furiosas.

El otro error cometido por Washington y la Autoridad Provisional de la Coalición en Bagdad fue la formación del Consejo de Gobierno: "Esta fue la consolidación del régimen de los exiliados: los de adentro son los que necesitamos".

Cuando hablamos sobre las posibles elecciones iraquíes en enero, no suena optimista; no cree que vayan a suceder porque, para empezar, no hay partidos internos, sólo los exiliados están listos. En realidad, los partidos religiosos también están listos, y esto es algo que no muchos consideran; ¿qué haría el gobierno de Estados Unidos si hay elecciones e Irak elige a alguien como Sadr o incluso al ayatola Sistani? "Nadie está preocupado por esta cuestión todavía; afortunadamente aún hay tiempo".

No hay manera de que la administración Bush pueda remediar el caos que creó en Irak diciendo que no sabía y no podía predecir lo que sucedió, porque durante dos horas estoy sentado aquí en Washington frente a un hombre que sabía tanto sobre tantas cosas que pensé que nadie en Occidente sabía.


Día Siete...


Mi último día y estoy conociendo a Laurie Mylorie. Empiezo a madurar la idea de nuestro encuentro cuando en Google aparece un artículo titulado “Laurie Mylorie: La teórica sobre conspiración preferida por los neoconservadores”. Realidad o ficción, para mí era razón suficiente.
Nos encontramos en el hotel Savoy; allí es cuando entro en la zona misteriosa. En Internet la describen como una experta en Irak y el terrorismo. Publicó libros sobre Saddam y sus relaciones con las redes terroristas y fue contratada por el Instituto Norteamericano de la Empresa. ¿Me va a cortar en pedacitos para servirme como entrada en una cena? Está convencida de que Saddam estuvo detrás de todos los ataques terroristas contra los intereses norteamericanos en los últimos diez años, un hombre en el corazón de la guerra contra Estados Unidos. Y tiene muchos amigos que la escuchan.

Cuando aparece, no sé qué pensar. Hablamos sobre su teoría que vincula a Irak con los atentados del 11 de septiembre y se ofrece una larga explicación. ¿Les interesa conocerla? Pueden encontrarla en www.benadorassociates.com/article/6172. Para mí, era demasiado complicada de seguir y merecía dos episodios de “Los expedientes X”. Me entretuve mirando cómo desintegraba la bolsita del edulcorante en pedacitos cada vez más chiquitos.
Me despierto cuando menciona a Dick Cheney. De verdad, parece que le gusta el vicepresidente de Estados Unidos. “Cheney es un gran hombre”. Si fuera por ella, habría que haberse ocupado de Saddam mucho antes y los ataques de Clinton en Irak fueron “una respuesta débil y patética que, en mi opinión, condensa la incapacidad de gran parte de la elite norteamericana para entender un peligro como Saddam”.

Pero lo que realmente me cuesta mucho entender es cuando me dice que la administración Bush se negó a usar sus argumentos para justificar la guerra en Irak. Uno habría pensado que la teoría de Mylorie era como un regalo del cielo para este gobierno, pero no, aparentemente no apelaron a sus argumentos. Y cuando le vuelvo a preguntar, diciéndole que esta negativa realmente me suena extraña, habla de “obstrucciones burocráticas”.

Entonces, doctora Mylorie, ¿el mundo es un lugar más seguro ahora que nos deshicimos de Saddam? Aparentemente no. “La guerra no terminó, se cometieron muchos errores”. No, otra vez con lo de los errores.

Ahora que terminaron mis siete días en Washington, una de las pocas cosas que me parecen claras es que incluso la gente que sabe no tiene ni idea qué hacer en Irak, pero todos coinciden en que se cometieron errores. No sirve de mucho consuelo. Para salir de Estados Unidos tengo que pasar por la oficina de seguridad fronteriza nuevamente para que sellen mi pasaporte. Empiezo con mi verso de que “creo que deberíamos trabajar con los norteamericanos”. Pero con menos convicción que habitualmente. Los norteamericanos con los que yo quiero trabajar parecen estar excluidos y lo único que pueden hacer es dar un apretón de manos y decir: “Intentamos decírselos”.¿No será demasiado tarde?

miércoles, 13 de febrero de 2008

Un Iraquí de viaje por EEUU

En plena época de elecciones en EEUU, con la ya segura ausencia de Bush en breve, uno espera que el inteligentísimo (?) pueblo yanqui elija bien a su sucesor. Lamentablemente la tibieza de la ONU permite desde hace mucho tiempo que el presidente de EEUU sea una especie de dictador mundial. Sus deseos son órdenes y ni siquiera los europeos con un Euro dominante son capaces de oponer resistencia. Es por eso que estas elecciones afectan a todos y no sólo a quienes viven en ese país. Ustedes se preguntarán qué me picó, para hacerme hablar de esto: simplemente encontré unos archivos que guardé hace unos años y se me ocurrió compartirlos con los lectores. En su momento, la noticia salió publicada así: “Cuando se estaba gestando el conflicto de Irak, un diario escrito en Internet desde Bagdad captó la atención del mundo entero. Su autor, Salam Pax, apoyaba a regañadientes la invasión. Hoy, viaja por primera vez a la ciudad donde se decidió ir a la guerra y se pregunta si ya es muy tarde para que su país logre la libertad. Voy a ir poniendo en diferentes posts las partes del relato de Salam Pax, por su extensión, y para generar algo de suspenso. Valga esta serie de posts para ver que desde que se publicó esto (2004) hasta ahora la situación no cambió mucho, y que si el mundo depende de la inteligencia de los yanquis, la extinción está muy cerca.


Salam Pax, el blogger iraquí, va a Hollywood
(Parte I)

No me gusta mi pasaporte; es demasiado grande y tiene un color que me recuerda a algo que estuvo demasiado tiempo en la heladera. Pero lo que más odio sobre mi pasaporte es que, cuando un empleado de migraciones lo mira, por lo general me pide que me haga a un lado y que lo siga a una habitación pequeña. Todos en la fila de migraciones del aeropuerto JFK de Nueva York ya me odian porque demoro mucho tiempo y ahora que me llevan así todos me miran como si hubiera amenazado con asesinar a su dibujo animado preferido.


En un mundo perfecto regido por los patrones de las películas de Bollywood, en este momento yo empezaría a cantar y a bailar; mi coro estaría formado por unos chicos hermosos con turbantes y barba que esgrimirían en el aire sus pasaportes del “eje del mal” y yo me vería tan radiante como Kylie Minogue cantando “¿Qué tengo que hacer para transmitir el mensaje? Soy un iraquí, soy un iraquí”. Todos en el aeropuerto aplaudirían y a mí me escoltarían mis fans hasta la limusina que me estaría esperando afuera.

Pero esto no es una película de Bollywood y a mí me llevan a un “control secundario”. Mi primera visita a Estados Unidos bien podría terminar cuando decidieran expulsarme y mandarme a un lugar muy desagradable donde el color naranja es el grito de la moda. El oficial de migraciones me lleva a una habitación separada donde cuatro funcionarios están sentados en un estrado muy alto, haciendo bromas sobre algún tipo que no les cae demasiado bien. Uno de ellos grita: “Depórtenlo, depórtenlo”. Yo sonrío.

Cuando me llega el turno de subirme al estrado para que los arcángeles me pregunten por qué razón quiero entrar a esta tierra de sueños, a este paraíso terrenal, me hacen una pregunta que me perturbó un rato largo después de que había terminado la entrevista. “Señor, ¿es usted religioso?” Hoy soy el tipo de musulmán que diría que, aunque hubiera un Alá allá arriba, lo castigarían por desobediencia colectiva por no haber hecho bien su trabajo. Así que la respuesta al oficial de migraciones sería un “No, no, ya no me dedico a esas cosas hace mucho tiempo”.

En cambio, no dejo de mirar la cruz que le cuelga del cuello y tengo ganas de decirle que es algo que no le incumbe. Pero no lo hago. Todos sabemos por qué me hace esta pregunta y cuál debería ser mi respuesta. “No, señor, no soy religioso y no sé cómo demostrárselo”. Me siento avergonzado de haber pronunciado estas palabras.

A continuación, estoy parado en fila para abordar un pequeño avión con destino a Washington DC. Hay algo en este contexto que me resulta curiosamente familiar. No estoy seguro de qué es hasta que me piden que abra las piernas y levante los brazos. Por Alá, esto es como entrar en la zona verdad de Bagdad, sólo que aquí todos son muy amables. Eso es lo diferente; sonríen y dicen “que tenga un buen día”, después de que te tocan de arriba abajo, pero es la típica experiencia de la zona verde, algo que te descompone.

En el vuelo nos dicen que no debemos pararnos de nuestros asientos una vez que estemos a 30 minutos de Washington, porque, de lo contrario, no nos dejarán aterrizar. Cuántas cosas raras y eso que todavía no aterricé. Me quedo dormido en el taxi que me lleva al hotel en Georgetown.

Día Uno
Primer pensamiento de la mañana: “¿Qué estoy haciendo aquí?” Recuerdo mi misión: vine a Washington con la esperanza de ver cómo es la democracia en el lugar que mandó a su ejército, durante una estadía prolongada, a mi ciudad natal. Es un año electoral, después de todo. Espero ver manifestaciones en las calles, gente que levanta pancartas en cada esquina. Y un centro de educación cívica donde me den toneladas de libros que me llevaré conmigo para convertirme en el oráculo de Bagdad sobre estas cuestiones democráticas.

No tengo ningún plan. Mi lista de cosas por hacer sólo incluye dos puntos: 1. Pánico. 2. Pensar en la comida. Me consigo un mapa turístico para chicos (el único que tenían en el hotel; se nota que el Departamento del Tesoro es un Tío Sam que no hace más que despilfarrar el dinero) y me voy al negocio que vende roscas más cerca del hotel.

Mi sandwich está lleno de huevos y panceta ahumada (todos los futuros oficiales de inmigración van a saberlo: no soy religioso, como carne prohibida). Mientras reflexiono sobre este festival de comida rara y prohibida, decido hacer un peregrinaje a la Casa Blanca, apelando a las claves de una religión que traicioné públicamente para poder entrar a esta tierra. Caminar alrededor de este santuario de libertad y democracia siete veces, besar la piedra negra, luego arrojar siete piedras al altar del mal, todo sin el manto blanco pero con la gorra de béisbol.

Parece que los dioses aquí no piensan mucho en los rituales de circunvalación. No se puede caminar alrededor de la Casa Blanca. De modo que me quedé allí, de pie y boquiabierto. Mientras meditaba sobre la blancura de la Casa Blanca, cuatro soldados norteamericanos con trajes de fajina se acercaron a todos nosotros, los boquiabiertos, y lo único que se me ocurrió pensar fue cuánto extrañaba mi hogar. ¿No es triste? Veo soldados con trajes de fajina y me pongo melancólico como ET cuando quiere volver a casa.

Me acerco a un guardia y le pregunto por las visitas a la Casa Blanca. Me dice que las visitas tienen que ser arregladas con anticipación a través de mi senador. ¿Cómo me voy a poder comunicar con John D. Negroponte en la trinchera del embajador norteamericano en Bagdad?

Mientras tanto, empiezo a descubrir algo: si uno fuera un marciano que acaba de aterrizar en Washington, sería imposible imaginar que este país está teniendo algo tan decisivo como una elección presidencial, hasta que uno enciende la televisión. Todo pasa en tevelandia.
En breve la segunda parte.
Lichi

martes, 20 de marzo de 2007

Neuschwanstein (3a parte)

Otra vez escribiendo. Esta vez con una nueva ( creo que será la última ) entrega del viaje al “Castillo de Cuentos”. Esta vez les dejo algunas fotos que sacamos con Andrea, con breves comentarios. Les recomiendo mirar detenidamente la última foto. La imagen es simple, nada del otro mundo, pero impensable en algún paraje Argentino.

El Castillo a lo lejos.


Imagen captada desde el auto, llegando al emplazamiento del castillo. De fondo las montañas del Tirol.

En la puerta.

Vestido Elegante.


Otra vez Boca presente en los mejores lugares del mundo. La gente me miraba con admiración, y eso que no sabían que yo ví a Maradona con la de Boca. Pobres giles.

Mi querida Esposa.

Desde la ventana.

Esta vista es una de las vistas más bellas de la comarca. Ya lo dijo Luis II cuando le comentó a Wagner que había encontrado un lugar sencillamente increíble para construir su nuevo Castillo. La foto la sacamos desde el balcón de la Alcoba Real.

Verdulería Fantasma.

En el camino, lejos de cualquier población nos encontramos con esto. El cartel indica los precios y tiene una alcancía. Al parecer, la gente elige qué “comprar”, mira los precios en la table, y deja el dinero en la alcancía. Increíble, no??? Quizás el hecho de que nos parezca raro habla de cuán equivocados estamos.

Hasta la próxima.

Lichi.

sábado, 17 de marzo de 2007

Neuschwanstein (2a parte)

Bienvenidos a la segunda parte de la historia. En esta ocasión les voy a contar una pequeña historia amorosa (bah, un chisme histórico) acerca de Luis II, basado en una charla de Dolina en su programa de radio. Vamos pues a lo acontecido:

Ubiquémonos en Baviera en 1866. En esa época era rey Luis II, el amigo de Wagner, conocido también como “el rey loco”. Por aquellos días tenía 21 años. Luis era un rey inmensamente popular, pero algunos hablaban con cierta preocupación del abandono de las preocupaciones políticas y de su desmedida afición por el teatro. Los que se preocupaban esperaban en realidad que Luis se casara, para así sentar cabeza, y que se consagrara a la tarea de gobernar y producir un heredero. La belleza de Luis llamaba la atención de las señoritas mas hermosas del reino. La pasión de estas damas era de tal magnitud, que solían cortar trozos de las crines de los caballos que tiraban los carros en donde viajaba Luis, cortaban flores y pasto que el rey había pisado en sus paseos, etc. Pero hay que destacar que nunca se había visto a Luis con una dama, o por lo menos no había dado ningún indicio público de que fuera susceptible a los encantos femeninos. El embajador austríaco llegó al extremo de informar que: “…en los apartamentos reales sólo ha entrado el ambiente del ballet, pues su majestad no siente ningún placer en frecuentar al sexo contrario“. La relación mas íntima de Luis hasta ese momento había sido la que había mantenido con su ayudante de campo el príncipe Paul von Thurn. Se dice que Luis II percibía sus deseos homosexuales, pero lo hacía con espanto y trataba de luchar contra ellos. El sólo tenía con Paul von Thurn una amistad demasiado pronunciada, una atracción que no llegó nunca a consumarse. Cuando Luis se enteró que Paul pasaba las noches en compañía de varias mujeres, decidió dejar de verlo. Ahora bien, la conciencia de unos deseos extravagantes para la corte Bávara perturbaban muchísimo a Luis, pues sabía que esos deseos eran inaceptables en su mundo. Los funcionarios y los cortesanos comprobaron que el rey se había convertido en una persona muy tensa y una rigidez mal actuada le permitía esconder sus deseos. Para desterrar las dudas sore su hombría pensó en casarse. El Duque Maximilianode Baviera y su esposa Ludovica, tenían una hija que se llamaba Sofía, y otra muy famosa que era nada menos que Isabel. Vivían en el palacio de Possenhofen a 5 km del palacio de Luis. Los dos palacios enfrentaban el lago Stanberg. Sofía tenía 17 años, era alta, rubia, tenía ojos azules y cantaba muy bien, y aún mas importante, amaba a Wagner tanto como Luis. Empezaron a verse, el rey le escribía cartas a Sofía en las que la llamaba Elsa y él firmaba con el nombre de Heinrich dos de los principales personajes de la ópera de Wagner Lohengrin. Pero mas allá de las cartas Luis no permitía que la amistad con Sofía avanzara. Ludovica, la madre de Sofía, que era muy casamentera, estaba impaciente y ya tenía buenos antecedentes, a las otras hijas las había “colocado” muy bien. Le pidió a uno de sus hijos, Karl Theodor, que indagara al rey acerca de sus intenciones. El rey consideró indecoroso el interrogatorio y dijo que aún no estaba en condiciones de contraer matrimonio. Karl informó a la madre, y ésta hizo saber a Luis que como sus intenciones no era casarse con Sofía debía cesar en sus visitas e interrumpir la correspondencia que enviaba. Luis se amargó por el reclamo, pero no por perder a Sofía, sino porque pensaba que diluida la posibilidad de casarse caería en la depravación que tanto temía. Para darse una oportunidad más y para tranquilizar a Sofía, que estaba triste porque se había enamorado de él, informó discretamente que quizás en cierta fecha futura podría casarse. Ludovica, se apoyó en esa tenue esperanza y permitió que la relación continuara. Pasó un poco de tiempo y de un modo inexplicable el rey de pronto cambió de actitud. La noche del 21 de enero de 1867 él y la reina madre ofrecieron un baile. Cabe aclarar que en general Luis despreciaba estos encuentros, pero esa noche fue una excepción. Entre la multitud de oficiales y los grupos de admiradoras, divisó a Sofía, y al verla cruzó la sala del trono para invitarla a bailar. Durante las 3 horas siguientes no se separó de ella. Terminada la fiesta, acompañó a Sofía hasta su carruaje y la vió partir.

Mucho después de restablecerse el silencio en los salones del palacio real, las luces de los aposentos de Luis continuaban encendidas. Estaba insomne y convencido nuevamente de que tenía que casarse con Sofía para eliminar sus deseos corruptos. Después de alcanzar esa decisión, temeroso de que una postergación le hiciera perder la confianza, Luis salió disparado de la pieza, despertó a su madre y le anunció la nueva . Ordenó que le preparasen un carruaje y fue al castillo de Sofía a la madrugada. Llegó, despertó a todos hizo una súbita declaración sobre su intención de casarse y al final, bien alto el sol, el rey Luis y Sofía de Baviera formalizaron su compromiso matrimonial. Aquel compromiso fue secreto de estado durante casi una semana. En enero de 1867 se anunció al noticia al parlamento. Luis se lo dijo a Wagner antes que a nadie.

Se forjaron vasos conmemorativos, placas, medallas, monedas,etc. con el retrato de los novios. El comportamiento de Luis era forzado, no era muy cariñoso y Sofía se le quejó a la madre de la frialdad con que su novio la trataba. La madre le dijo que nadie podía ser más aburrido que su propio marido, que ni siquiera era rey. Durante los primeros meses del compromiso Sofía y su familia se vieron sometidos a un extraño régimen de visitas, siempre de noche. A veces el rey decidía ver a su prometida súbitamente y mandaba a un lacayo al castillo de enfrente, y toda la residencia ducal despertaba de su sueño y se vestía, porque Luis exigía que se lo recibiera siempre como soberano. Cuando Luis se quedaba en la residencia, exigía ver a Sofía a solas. Entonces, una dama e compañía se escondía discrétamente detrás de una cortina. Luis se sentaba en un sillón y Sofía tocaba el piano y cantaba varias horas. Después costura: él sentado, ella bordando; cada tanto una frase, De caricias ni hablar. Cierta vez Sofía se atrevió a besarlo en la boca y él se sintió tan trastornado que casi rompió el compromiso allí mismo. La boda había sido planeada para el 25 de agosto de 1867, pero unos días antes cuando vio el ceremonial y la preparación del baile, Luis entró en pánico. Llegó al extremo de pedirle al médico un certificado en el cual se le declarara no apto para el matrimonio. A un funcionario le dijo que prefería morir ahogado antes que enfrentarse a la boda. Agitado y nervioso se paseaba durante toda la noche por sus habitaciones o irrumpía en la pieza de la madre mientras ella dormía, para arrojarse en la cama y llorar pidiendo ayuda. El primer paso decisivo de Luis fue postergar formalmente la boda. Informó que el matrimonio se celebraría el 12 de octubre. A Sofía la demora le pareció razonable porque el ceremonial estaba retrasado. Con la aproximación de la nueva fecha el terror reapareció. Cuando Luis no pudo soportarlo más, dijo que sería mejor casarse en noviembre. El 4 de octubre recibió una carta del padre de Sofía exigiendo que el rey fijara una fecha definitiva o que anulase el matrimonio. Luis aprovechó esa carta y escribió a Sofía: ”Amada Sofía, tus padres desean romper nuestro compromiso, acepto”. De este modo Sofía se enteró por primera vez la decisión de Luis, aunque pocos días mas tarde recibió una extensa carta del rey en la cual intentaba explicar con toda la sinceridad que permitía la discreción, las razones que lo llevaron a romper el compromiso. Las monedas conmemorativas fueron retiradas de circulación, Luis compró todas las placas y lo demás, y los hizo destruir. Todos los grabados que mostraban a Sofía como reina de baviera fueron quemados en presencia de Luis y se volcó ácido sobre las planchas de cobre y los originales litográficos. Al año siguiente Sofía se casó con otro. La boda se realizo en el castillo de Sofía, y Luis no asistió. Pasó la noche de aquella boda en una isla en el centro del lago quemando fuegos artificiales. Luis no pudo casarse nunca. Poco después empezaron a notarse gestos de una locura alarmante, que lo llevó a la muerte años más tarde.

Espero que les haya gustado.

Lichi.

Neuschwanstein (1a parte)

Hola de nuevo. Comienzo aquí con una serie de entregas sobre la vida de Ludwig II de Bavaria (en español, Luis II de Baviera), con algunas fotos del fantástico Castillo que construyó, conocido como Castillo de Neuschwanstein (el cual tuve la ocasión de visitar en Octubre de 2006).

El príncipe Ludwig

El príncipe nació el mismo día en que fue canonizado Louis IX, rey de Francia y fundador de la Casa de Bourbón. Su abuelo y padrino Ludwig I de Bavaria, tuvo a Louis XVI de Francia como padrino. Esta relación con la Casa de Bourbón tuvo una influencia importante durante toda su vida. Ludwig y su hermano Otto fueron educados con un estricto énfasis de servicio.
“Ludwig disfrutaba la vestimenta…le gustaba la actuación, amaba la pintura, y le gusta y le gustaba, hacer regalos de su propiedad, dinero y otras posesiones”, decía su madre. Y eso no cambió nunca. Su gran imaginación, su tendencia a aislarse, y su pronunciado sentido de soberanía fueron también evidentes desde su infancia.

El joven Rey

En 1864 Ludwig II accedió al trono a la edad de 18 años sin ningún tipo de experiencia política, pero, adorado por las mujeres. En 1873 escribió: “Me transformé en rey demasiado temprano. No había aprendido suficiente. Había hecho un buen comienzo aprendiendo las leyes del estado. Pero me alejaron repentinamente de mis libros y me colocaron en el trono. Aún estoy tratando de aprender…”


Historia del Castillo

Ludwig II escribió las siguientes líneas al hombre que más admiró, Richar Wagner:
“Es mi intención reconstruir las ruinas del Viejo Castillo de Hohenschwangau en el auténtico estilo de los antiguos castillos Germanos, y debo confesar que me gustaría mucho vivir allí algún día; habrá una habitación de huéspedes muy acogedora con una vista espléndida de las montañas del Tyrol; tú conoces al huésped venerado que me gustaría acomodar allí; el lugar es uno de los más bellos que se pueda encontrar…”
Casi todos los aspectos del Castillo de Neuschwanstein se mencionan en la carta. Lo que no se menciona, sin embargo, es la razón política para la construcción: en 1866 Bavaria, aliada con Austria, había perdido la Guerra contra una Prussia en expansión. Bavaria fue forzada a aceptar una alianza, que removió los derechos del rey para disponer de sus armas en caso de Guerra. Desde 1866, Ludwig dejó de ser soberano. Esa limitación fue el mayor infortunio de su vida. En 1867 comenzó a planear su propio reino, en la forma de sus castillos y palacios, donde pudiera ser un verdadero rey.
Planeó la construcción del Castillo bajo el nombre de NeuHohenschwangau (cercano al de Hohenschwangau donde se crió junto a sus padres). El nombre de Neuschwanstein fue dado después de su muerte. La perfección fue la clave del nuevo castillo: la construcción debía ser cercana al estilo original y equipada con todo lo moderno.
El Castillo no fue construido tan rápidamente como hubiera querido el rey. Al situarlo en la montaña se presentaron muchas dificultades en la construcción. Un conjunto de diseñadores, arquitectos y artesanos implementaron las ideas del rey. Debieron trabajar día y noche. La primera piedra fue colocada el 5 de septiembre de 1869. El edificio Gateway fue construido al principio, y Ludwig II vivió allí varios años.
Cuando murió Ludwig II en 1886, el Nuevo Castillo aún no había sido completado. Sólo una parte fue completada en 1891. La siguiente foto muestra el estado del castillo a la muerte de Luwwig II.

Cisnes, héroes y santos: el Castillo de los sueños

El Castillo no fue diseñado para una representación real. Aquí Ludwig II escapó al mundo de los sueños_ el mundo poético de la edad Media. Las pinturas de Neuschwanstein fueron inspiradas en las óperas de Wagner, a quien el rey le dedicó el castillo. Las pinturas no fueron sin embargo directamente modeladas a partir de los trabajos de Wagner, sino a partir de las leyendas en las que se basó Wagner para sus óperas. El punto común de todas las salas es el cisne, animal preferido de Ludwig II (Neuschwanstein, Neu=Nuevo...schwan=cisne...stein=piedra). Además el cisne es el símbolo de la pureza por la cual Ludwig II se esforzó toda su vida.
La foto abajo muestra la sal del trono, que se asemeja a una iglesia Bizantina. El trono que debió estar cerca de la pared de fondo, como un altar, nunca fue construido.


La sala del trono sin el trono

La pared pintada con “Cristo en su gloria con el rey canonizado”


La sala de la cena

Ludwig II prefería cenar solo. Es por eso que construyó una pequeña sala para cenar.

La habitación

La habitación fue amoblada en el estilo Gótico. Trabajaron en ella 14 carpinteros durante 4 años para tallar los elaborados maderos de la sala y los muebles. La cama es particularmente elaborada: con sus “ventanas” literales y pequeñas torres se asemeja a una iglesia gótica. Ludwig fue arrestado en la cama en la noche del 11 de Junio de 1886.

La sala de los cantantes

Esta sala es la mas larga de todo el Castillo. Ludwig jamás pudo escuchar la música de Wagner en la sala.



Finalmente, me despido hasta la próxima entrega, con una foto del Castillo en todo su esplendor.

Lichi.

Un paseo por Praga (2a parte)

Hola, espero que les haya gustado la primera parte. Aquí no habrá fotos, sino algo que escribí en su momento, inspirado por un lugar que visité en Praga. No les digo más, así pueden disfrutar el relato y ver cual fue el lugar visitado.

Muerte Pretérita

Llegué a mi casa a la hora acostumbrada, y había soldados por todos lados. Me llevaron bajo la acusación de herejía convencional, y como prueba presentaban una pila de escritos prohibidos por la iglesia, encontrados en mi hogar.

Pasé unas pocas horas en una celda húmeda y pestilente, y fui conducido ante las autoridades. Allí fui interrogado de forma amable, podría decirse, dándoseme así la posibilidad de confesar por propia voluntad. Por supuesto, no les dije nada sobre lo que buscaban. Acto seguido, fui trasladado nuevamente a la celda…

*****

Todo había comenzado por mi atracción por la ciencia. Mi terquedad quizás haya ayudado. El hecho de leer primero, y estudiar después, libros prohibidos por ellos tenía sus riesgos. Peligro al que me entregué con pasión.

Después de haber leído algunos escritos de nuevos pensadores, la concepción del mundo cambió para mí. Descubrí en dichos textos, conseguidos en el mercado negro, y a muy bajo precio, un mundo fascinante, y la visión global que tenía sobre la vida cambió por completo. Enseguida me sentí atraído por este conjunto de ideas nuevas, y poco a poco comencé mi búsqueda. Esperaba encontrar gente como yo, para compartir lo nuevo, para poder expresarme en un ambiente de libres pensamientos, sin tener miedo.

Corría el 1405 DC y ellos estaban en su apogeo. Las ciudades que se negaban a doblegarse, eran cercadas por sus enormes ejércitos. El sitio podía durar meses, hasta que los propios sitiados, vencidos ya por el hambre, se entregaban, y abrían las puertas de sus ciudades. Muchos eran muertos allí mismos, como muestra de autoridad, y como una dura advertencia a futuros rebeldes. Había también torturados, de forma especial, que tardaban horas y hasta días en morir, para poder congraciarse con Dios antes de dejar este mundo.

Teniendo en cuenta estos antecedentes, mi búsqueda fue difícil, pues el camuflaje en grupos como los que yo buscaba, era esencial para sobrevivir en esos años. Finalmente, y de manera inesperada logré contactarme con alguien. Dicha persona me llevó con su grupo y fui aceptado, después de un largo interrogatorio.

Días después, fui invitado bajo extremas precauciones, a una de sus reuniones.

Nos reuníamos en cuevas cuya existencia era desconocida por las autoridades, aunque no se encontraban muy alejadas de la ciudad. Allí, bajo un clima distendido exponíamos y discutíamos nuestras ideas, y comentábamos las de los nuevos pensadores, algunos perseguidos, otros ya apresados. Había una regla básica a cumplir: estaba terminantemente prohibido discutir sobre temas científicos en la vida diaria. Así, eramos casi invisibles para la iglesia. Sabíamos que si nos atrapaban, pasaríamos cosas horribles, pero quizás eso era lo que nos daba más fuerza. A veces la rebeldía es una fuerza mucho más efectiva de lo que uno puede imaginar.

*****

Menos de un día después, fui conducido por primera vez a la sala de torturas. Comenzaron quemándome la piel de los pies, práctica muy utilizada en los interrogatorios de la inquisición. El dolor fue indescriptible, pero no suficiente para romper mis convicciones.

Al ver que no me quebraba decidieron quitarme una a una las uñas de las manos. Rogué desmayarme en ese momento, y cuando sentí que perdería el conocimiento, cesaron las torturas, me llevaron a la celda, y me dieron agua y comida. Me querían consciente, para poder averiguar más sobre mi grupo.

Al día siguiente me dieron la opción de declarar, y ante mi negativa, sufrí una sesión de potro.

Al sentir que me estiraban como un cinturón de cuero, al sentir crujir mis articulaciones, acompañadas de un dolor profundo, cruzó por mi mente la idea de la confesión. Sabía que al hacerlo, no sería perdonado, pero quizás pudiera conseguir una muerte rápida y sin sufrimientos. Finalmente resistí, ayudado por la idea de que mis compañeros pasarían por eso mismo.

Fui conducido a una celda nueva, sin ventanas, y al cerrar la puerta, me vi en la oscuridad total. Allí estuve un lapso de tiempo que no supe calcular, aunque me dieron de comer dos veces, por lo que estimo que pasaron más de dos días. Dormí la mayoría del tiempo, tratando de recuperarme de las sesiones de tortura. Trataba de no pensar en lo que me esperaba.

Fui despertado de repente, y la oscuridad ya no era tal. La puerta estaba abierta, y cuatro soldados me tomaron de mis doloridas extremidades. Estaba con ellos una quinta persona, perteneciente al clero. Leyó mi sentencia en forma indiferente, y se marchó.

El sólo escuchar lo que había en mi futuro cercano, me generó un estremecimiento que estuvo a punto de quebrar mi silencio. Sería empalado en la plaza principal, hasta morir. Según las autoridades eclesiásticas, debería emplear el tiempo que tardara en morir para arrepentirme y rogar perdón al Señor.

Forcejee con mis escasas fuerzas, desesperadamente, y nada obtuve. Sólo un cansancio aún mayor, y dolor en brazos y piernas.

Mientras era conducido a la plaza, me resigné y decidí que mejor era morir dignamente, a traicionar a los míos. Pero al ver el palo, en este caso de metal y con punta afilada, sentí un terror como nunca antes había sentido. La idea de una confesión no me pareció en ese momento tan lejana como minutos antes…

Inesperadamente, algo de claridad acudió a mí, me calmé notablemente, y comprendí que no había vuelta atrás. Moriría en silencio, llevándome a la tumba el secreto de los que pensaban como yo…

Llegamos a la plaza, fui alzado con ayuda de aparejos, y depositado a corta distancia del palo. Se leyó en público mi condena, con detalles de mis pecados, y se envió una advertencia a quienes actuaran de modo similar al mío. Lentamente se me dejó caer…El dolor agudo fue enorme, pero rápidamente desapareció, y comencé a ver luces delante de mis ojos. Había murmullos en torno mío, en un idioma extraño para mí. El dolor de las torturas anteriores ya no se notaba, y sólo sentía un leve dolor de cabeza. Todo era muy confuso. Poco a poco comencé a ver a mi alrededor, y al divisar el palo enfrente mío, se apoderó el terror nuevamente de mí. Pero esta vez escuché una voz familiar que me animaba. La voz de mi esposa. De repente todo se aclaró en mi mente. Caminábamos con mi esposa por las calles de Praga, y fue idea mía entrar al Museo de la Tortura. El resto de la historia lo conozco gracias a relatos suyos. Vimos uno o dos artefactos de aquella época, y al pasar frente al palo me desvanecí, caí, mi cabeza dio contra el piso, y estuve unos minutos inconsciente.

*****

Al contarle esta historia a mi psicólogo, me sugirió que el traumatismo del golpe tal vez me haya generado ese extraño sueño. Por otro lado, conocí gente que lo interpretó de una manera bastante diferente. Según su teoría, en alguna vida anterior morí empalado por la inquisición, llevado a ese final por cierta rebeldía asociada con ideas científicas.

Yo no sé que pensar. Quizás a la segunda teoría debería agregarle que desde pequeño me gustó la ciencia, y hoy soy, pese a muchas dificultades financieras, estudiante de Física. Aunque en la teoría de múltiples reencarnaciones nada se dice de semejanzas entre dichas vidas. Mis amigos que apoyan esa idea, insisten en que sentí una atracción especial hacia el museo, por una rara conexión entre mis dos vidas, que tienen en común la ciencia.

Igualmente, prefiero pensar que todo fue sólo un desmayo…


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Sé perfectamente que no soy un buen escritor (es más, ni siquiera soy un mal escritor), pero pienso que lo importante es que ésto me salió inspirado en lo que vi. Por supuesto que no es verídico...no me desmayé, aunque sí me lleve una fuerte impresión. Los abandono hasta la próxima.

Lichi

Un paseo por Praga (1a parte)

Hola, soy Lichi y estoy inaugurando este Blog con un relato de nuestro viaje a Praga, en 2005. Aproximadamente diez años atrás leí (no recuerdo donde) que Praga es considerada la ciudad más linda del mundo. Aquella vez, siendo un desocupado en Argentina, y con pocas esperanzas de terminar mis estudios, me dije: algún día voy a visitar Praga. Por supuesto que muy en mi interior sabía que era realmente poco probable que eso sucediese. Tal vez esa tendencia soñadora de gran ayuda en momentos difíciles, quizás el vacío estomacal típico de aquellos malos tiempos, me hayan dictado ese pensamiento. Lo cierto es que finalmente ese pequeño anhelo se cumplió, y mucho más rápido de lo que hubiese imaginado aún en mis momentos de optimismo (escasos momentos). Valgan estos renglones previos como preámbulo para comenzar a mostrarles algunos lugares de una ciudad espectacular. Si bien es cierto que traje mas de 300 fotos, las mejores imágenes están en mi mente, y debido a la imposibilidad de "bajarlas" a la computadora, intentaré buscar las más bellas, seguidas de una pequeña referencia, tratando de no caer en explicaciones tediosas que puedan vía el aburrimiento, opacar lo que la imagen misma intenta decirles.

La primera foto que elegí muestra, como no puede ser de otra manera, el Charle´s Bridge, el más famoso de los muchos puentes que conectan las dos partes de la ciudad divididas por el río Vtlava.


Una de las vistas más impactantes de Praga: la ribera del Vtlava que permite ver a lo lejos los palacios que rodean al Castillo, y en la cima, coronando imagen, la catedral del Castillo.



Por supuesto que Boca no podía faltar en una ocasión tan importante. Noté, aún sin entender una palabra de Checo, que la gente miraba la camiseta con admiración, y hasta adiviné comentarios elogiosos.


Imagen captada desde la cima de la montaña. Sin palabras...


El centro de la ciudad, con el Museo Nacional de fondo.
Me despido hasta la próxima, espero que les gusten las pocas cosas que les pude mostrar. Mirando de nuevo las fotos, me pareció más evidente que por más buena que sea la foto, no se compara con el recuerdo visual. Si estas imágenes les parecen lindas, imaginen lo que se siente viendo eso directamente. Un abrazo y espero agregar algo pronto.

Lichi.